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Comienza nueva era en ALMA

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Al combinar las funcionalidades revolucionarias del telescopio ALMA con las técnicas de laboratorio más recientes, los científicos están protagonizando el advenimiento de una nueva era que permitirá descifrar la química del Universo. Un equipo de investigación reveló los hallazgos realizados usando datos recabados por ALMA durante observaciones del gas presente en una zona de formación estelar de la constelación de Orión.

Gracias a la moderna tecnología del telescopio y del laboratorio, los científicos pudieron mejorar y acelerar considerablemente el proceso de identificación de las “huellas” químicas existentes en el cosmos, lo que ha permitido realizar estudios hasta ahora imposibles o que tomaban demasiado tiempo para ser viables.

“Hemos demostrado que, con ALMA, vamos a poder hacer análisis químicos reales de las ‘incubadoras’ gaseosas donde se forman los nuevos planetas y estrellas, sin muchas de las limitaciones que teníamos hasta ahora”, afirmó Anthony Remijan, del Observatorio Radio Astronómico Nacional de Estados Unidos (NRAO, en su sigla en inglés), en Charlottesville.

El Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) se está construyendo en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, a 5.000 metros de altitud. Una vez terminado, en 2013, sus 66 antenas de alta precisión y sus componentes electrónicos de vanguardia proporcionarán a los científicos una capacidad sin precedentes para explorar el Universo en el espectro de luz que existe entre las longitudes de ondas de radio más largas y las infrarrojas.

Esas longitudes de onda son particularmente ricas en información sobre la presencia de moléculas específicas en el cosmos. Se han descubierto más de 170 moléculas en el espacio, incluidas moléculas orgánicas de azúcar y alcohol, cuya presencia es común en las nubes gigantes de gas y polvo donde se forman los nuevos planetas y estrellas. “Sabemos que muchos de los precursores químicos de la vida están presentes en estas incubadoras estelares incluso antes de que se formen los planetas”, sostiene Thomas Wilson, del Laboratorio de Investigación Naval, en Washington D.C.

Las moléculas presentes en el espacio rotan y vibran, y cada una tiene condiciones particulares de rotación y vibración. Cada vez que una de estas condiciones cambia en una molécula, se produce una absorción o emisión de una determinada cantidad de energía, muchas veces bajo la forma de ondas de radio de longitudes bien específicas. Cada molécula presenta un patrón único de longitudes de onda que emite o absorbe, y ese patrón sirve como una huella que permite identificar la molécula.

Los científicos llaman líneas espectrales a las longitudes de onda individuales producidas por cada componente químico. En laboratorio se puede medir la longitud de onda exacta de cada línea, pero es un proceso engorroso y complicado. Ahora bien, sin estas mediciones ha sido muy difícil identificar muchas de las líneas detectadas en las observaciones astronómicas, sin contar el hecho de que el patrón de líneas de una molécula determinada cambia en función de su temperatura.

El gran salto se dio gracias a la nueva tecnología que permite a los científicos recabar y analizar una gran cantidad de longitudes de onda de una sola vez gracias a ALMA y el trabajo en laboratorio.

Más información en sitio de Radiotelescopio ALMA